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Minutos faltan para que comience el 8 de marzo y lo hace con la crítica generalizada hacia el ministro de justicia por considerar que hay muchísimas mujeres a las que se las somete a violencia de género "estructural" ya que se las obliga socialmente a abortar. Vamos que resulta ahora que un derecho que ha adquirido la mujer, afirmaría sin equivocarme que toda la sociedad, se ha convertido en una obligación que llega a ser violencia. A Gallardón se le debería caer la cara, la careta de progre ya la ha perdido, de vergüenza porque demuestra un enorme desconocimiento del protocolo de funcionamiento de las clínicas abortivas y una insensibilidad "estructural" hacia la capacidad de decisión de la propia mujer.
Esto me lleva a plantearme que si el ministro que ha ido de ligh es capaz de hacer esas declaraciones qué serán capaz de hacer otros ministros cuando da la sensación que el tradicionalismo nacionalcatólico campa por Moncloa a sus anchas. No hay más que ver cómo empezó la legislatura: Rajoy decía que iba a incluir en su ejecutivo a los mejores, independientemente de que fueran hombres o mujeres, y el resultado fue que el número de ministras es de un 30 por ciento del total, curiosamente la más importante de ellas, la vicepresidenta Sáenz de Santamaría, renunció a su permiso por maternidad dejando a su criatura recién nacida por ocupar su poltrona, entonces nadie de su partido habló de los derechos del pequeño simplemente utilizaron la coyuntura para alabar a la "vice" y poner en tela de juicio la utilidad del derecho, de paso se atisbaba una crítica hacia las mujeres que sí lo utilizan. Vamos que Soraya es una supergirl y las otras unas vagas. En realidad la número 2 de Rajoy ha tenido mucha suerte, puesto que muchas mujeres han tenido que renunciar total o parcialmente a ser madres para poder tener una exitosa carrera profesional, de hecho si analizáramos el número de hijos e hijas que tenían los componentes del gabinete anterior (con casi paridad) nos daríamos cuanta cómo las ministras tenían muchos menos hijos que los ministros. Si una persona que se dedica a la política o la empresa tiene que renunciar ¿qué pasará con quien tenga precariedad e inestabilidad laboral?
Estamos en plena involución de derechos y dado que las mujeres han avanzado mucho en los últimos años en derechos reales son unos de los colectivos que más tienen que perder con la estrategia trasnochada de quien gobierna. Por eso, creo, que se hace más necesario que nunca la exigencia de la política de cuotas, no se trata de llevar la paridad a todos los rincones de la sociedad, se trata de transformar la sociedad tanto de abajo a arriba (con la escuela, el cambio de las costumbres y tradiciones,...) como de arriba a abajo (con la presencia de mujeres en los sectores de poder). Obviamente a todo el mundo le gustaría eso de escoger a los mejores, pero en estos momentos quien lo dice suele utilizarlo como excusa para seguir dando prioridad a las corbatas.
Tampoco deberían ser necesarios los días conmemorativos o reivindicativos pero realmente lo son, y más cuando en Europa las mujeres ganan de media un 17% menos que los hombres y las jubiladas cobran un 60% menos que los jubilados. Y reitero la pregunta, si Europa es parte del primer mundo ¿qué pasará con aquellas mujeres que vivan en lugares subdesarrollados?
La mayor de las necesidades es la transformación de la conciencia, y que hombres y mujeres vean los avances en igualdad como un avance para todos y todas.

De acuerdo en todo salvo en una cosa: las cuotas.
ResponderEliminarMi opinión es que su uso impone en ocasiones una injusticia.
Imaginemos las cuotas aplicadas, por ejemplo, en el acceso a carreras universitarias como las sanitarias..., sinceramente prefiero a alguien con la capacidad suficiente antes que a una corbata que entre por cumplir una cuota. Lo mismo en cualquier campo.
Lo que vemos en la sociedad es la inercia de un pasado machista, pero la enfermedad no se cura tratando los síntomas, hay que hacerlo con las causas. La imposición de cuotas alivia únicamente los síntomas.
Un saludo,