viernes, 2 de marzo de 2012

Activismo

Con amigos mucho mejor
Hace un rato un buen amigo me ha dicho que cada vez que acaba de pegar carteles, hablamos de los de tipo reivindicativo, se siente como si hubiera hecho una buena acción, como si hubiera ayudado a cruzar la calle a un señor mayor. Esa sensación de bienestar es uno de los valores del activismo social, uno se siente bien haciendo cosas por y para los demás sin que haya un beneficio pecuniario, aunque sí lo hay personal en tanto en cuanto uno pone en práctica con sus actos las ideas de su pensamiento. 
Se hace una crítica general a la gente de izquierda, sobre todo si forman parte de organizaciones políticas, que consiste en declararles manipuladores de los movimientos sociales en los que están implicados, se oyen comentarios en plan "esa campaña (o esa manifestación, o esa asociación...) está politizada" como si llevar las ideas políticas a las reivindicaciones sociales o al día a día del ciudadano implicado fuera un delito. Una persona que es de izquierdas debe llevar la militancia ideológica (intencionadamente no puse partidista) por aquel lugar en el que pisa, dicho de otro modo: el compromiso es permanente.
Esa relación política-movimientos sociales es obligada para que las alternativas propuestas por la izquierda tengan un sentido cercano a la ciudadanía, de hecho esos movimientos no son otra cosa que el reflejo de lo que piensan las personas deseosas de participar en la toma de decisiones y en la trasformación de la sociedad en algo más justo y democrático. 
Desde el otro lado este modo de participación se ve con recelo, de hecho no va con su modelo de participación social ¿son necesarias las asociaciones de vecinos, por ejemplo, en un barrio de alto poder adquisitivo? pues igual sí, pero la gran mayoría de estas entidades tienen como motor a la gente cercana a la izquierda. La derecha cuando habla de implicación social lo circunscribe a la idea de voluntariado según la concepción que de él hace alguien tan significado como la alcaldesa de Madrid.
Sin embargo, la izquierda siempre ha hablado de justicia social y como desgraciadamente no existe, y ahora menos, le toca organizarse no solo en las estructuras políticas (que en ocasiones fallan a esos movimientos) también en grupos activos de defensa de derechos concretos o de personas concretas, todo ello dentro de la óptica que representa la búsqueda de la igualdad: la gran diferencia está en asumir la desigualdad o no asumirla; el neoliberalismo económico -y político- la asume y la acepta; la izquierda debe saber que existe y la tiene que combatir. Pero el activismo (tanto el colectivo como el individual) no solo debe dar respuesta a los problemas y las injusticias, también tiene que servir de reactivo de la propia política tanto en personas como en ideas.
Por cierto, el cartel que hoy hizo feliz a mi amigo es el de la consulta social del próximo domingo sobre la privatización del Canal de Isabel II en la Comunidad de Madrid. Actívate y participa.

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