domingo, 18 de marzo de 2012

200 años de Pepa

La promulgación de la Constitución de 1812, cuadro de Salvador Viniegra
Mañana el constitucionalismo español cumple dos siglos y Cádiz se engalana para conmemorar tamaño acontecimiento y recordar a la "Pepa" como el inicio de un camino duro de reformas y contrarreformas en el que tanto se ha escondido a los verdaderos protagonistas: los ciudadanos y ciudadanas. Ahora pensarán algunos que esto de la Constitución de 1812 es una perfecta excusa para tirar cohetes y escuchar la música de charangas, un discurso del Rey y alguna charlotada más que dé empaque festivo al acontecimiento. Es posible que a muchos de los promotores del cachondeo patrio no les apetezca mucho que se profundice en la historia, y en quién estaba a favor y quién en contra de los avances contra la monarquía absoluta a principios del maltratado siglo XIX.
Sé que puede parecer cansina y hasta excesivamente recurrente mi tendencia a hablar de las dos españas, os aseguro que lo fácil en casos como el que nos ocupa es referirnos a la concordia y al esfuerzo común para empujar en la mejor de las direcciones a nuestro gran país. Pero esto será cosa de los que mañana se pondrán delante de los micrófonos. En 1812 no solo había dos españas, había más (o tal vez ninguna) pero lo que no había era un esfuerzo común por nada. Y una de las tendencias, muy importante por cierto, abominaba de cualquier avance constitucional, de hecho un par de años después el Manifiesto de los Persas ya se encargó de dejarlo claro y colocar en el trono al absolutismo personalizado en el deseado-indeseable Fernando VII.
Es justo destacar que no podemos ver lo que ocurrió entonces con los ojos de ahora. Por eso es ridículo analizar la Constitución de Cádiz con la visión legal de la actualidad, como también lo sería hacerlo con la propia Revolución Francesa, madre de la transformación política de la historia contemporánea. Pero lo que es evidente es que el texto gaditano fue obra de unos privilegiados, hartos del abuso monárquico en su mayoría, muy alejados del conjunto de los españoles. Y fueron ellos los que se guisaron y se comieron la historieta a base de trompicones con nombres absolutistas, moderados, exaltados... llegando a cruzar el siglo con conservadores, progresistas y demócratas, estos últimos los más avanzados y siendo herederos de los comprometidos con una verdadera transformación que, por cierto, acabó culminando en el republicanismo.
Si analizamos el mapa de los partidos políticos del siglo XIX (paso interesante enlace con esquema incluido), nos sale que de aquellos liberales moderados de 1812 hubo muchos que fallaron a la propia Carta Magna, como un Martínez de la Rosa tan moderado el hombre que para evitar rupturas tuvo que hacer encaje de bolillos en el Estatuto Real del 34 e intentar apuntalar la monarquía limitada. Fracasó, pero no por mucho, porque el papel de los liberales de hace siglo y medio no era otro que el de intentar que todo el mundo viera con buenos ojos a la reina Isabel II.
Vamos que los valores constitucionales de los que ahora nos quieren convencer y democráticos de los que muchos alardean no son los que desembocan en el conservador Cánovas, ídolo histórico de nuestra derecha y máximo representante de los pucherazos y el caciquismo, digamos que la constitución gaditana pura y auténtica, posiblemente la más avanzada de su época, fue traicionada por el moderantismo y el conservadurismo durante más de cien años. Y fueron otras corrientes, incluso alejadas de la propia "Pepa", que se incrustan en la historia de los movimientos obreros y sociales de finales del XIX y principios del XX las que acabaron rescatando su verdadero espíritu. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario