Ocho años hace y parece que fue ayer. Los trenes hechos chatarra, el humo, la cara de mi amigo Pablo bañada en sangre, los móviles sonando sin nadie que los pudiera descolgar... ocho años de un día cruel y ocho años soportando la crueldad de quienes no aceptan que la verdad les ponga en una situación de vergüenza. Se ha puesto de moda el revisionismo histórico, especialmente cuando se habla de la Guerra Civil o del franquismo, y la misma estrategia es la que se trata ahora de poner en marcha: el revisionismo del 11M. Y empezarán a sembrar dudas y dudas, a buscar indicios, a intentar que haya gente que se crea que quienes entonces gobernaban no engañaron a nadie. Los medios de comunicación más despojados de escrúpulos seguirán buscando portadas en las que se acuse a cualquiera que no huela a gaviota de destruir pruebas, de organizar una confabulación contra Aznar y los suyos,... y dirán que son gente que habla vasco en la intimidad, que son forofos de la Real Sociedad, que comen de vez en cuando marmitako o que se despiden de sus amigos diciendo agur. Cualquier tontería la acabarán conectando con la supuesta conspiración.
| Pilar Manjón hablando hoy junto a la estación de El Pozo |
Sería de chiste todo esto, pero no lo puede ser porque detrás está la vida de casi doscientas personas, están las lágrimas de miles de familiares, la rabia de todo un país al que quieren dividir, tal vez lo han conseguido ya. Decía hoy Pilar Manjón en su discurso junto a la estación de El Pozo que tras los atentados del 11S y el 11M los dos pueblos afectados han acabado respondiendo de formas muy diferentes, mientras el americano supo unirse al español lo hicieron fragmentarse en dos, y lo han hecho los que dan la espalda a la justicia cuando la justicia les da la espalda. Han sido muchos jueces y decenas de sentencias las que han dejando bastante claro lo que ocurrió en esos fatídicos días de marzo del 2004, pero a lo que se ha dicho en los tribunales se ha contraatacado con la fiereza de los titulares, haciendo periodismo del barato, rozando el esperpento y la desfachatez, humillando a quienes cada mañana se levantaban con el recuerdo de su ser querido, haciendo daño (pero del de verdad) a quien cada día subía a un tren con miedo en el cuerpo y a quienes los pitidos del abrir y cerrar de las puertas les paraliza el alma durante segundos que son vidas.
Y lo hacen porque les gusta la maldad y el odio, porque no soportan que les digan que los "suyos" fueron terroristas contra la verdad y activistas de la manipulación cuyas bombas eran, y son, portadas que dan asco y declaraciones con el doble sentido del cobarde intentando jugar al engaño.
Esta noche me queda sobre todo recuerdo y rabia, pienso que esas personas que hacen daño a las víctimas de forma consciente no se la merece ninguna madre ni ningún padre, ningún novio a quien le quitaron de golpe su ilusión. Nadie se merece que, tras escapar vivo de un atentado, le quieran volver a poner un artefacto en su cara con forma de periódico. Les gusta la maldad, seguro, yo no lo dudo.
No nos lo merecemos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario