viernes, 16 de marzo de 2012

"La" Aguirre

Una sombra demasiado alargada. Imagen tomada de publico.es
Leía en algunas redes sociales cómo la presidenta de la Comunidad de Madrid entraba en un verdadero colapso histérico mientras la controlaban en la Asamblea Regional. Una vez vi un artículo sobre ella que decía que era la persona con alto cargo que menos respetaba la democracia en su grupo más cercano y que incluso era temida por sus propios consejeros ya que se dedicaba a ponerles trampas en las reuniones y a provocar enfrentamientos entre ellos. Lo pongo en pasado porque el artículo ya tiene un tiempo, pero da la sensación que las cosas siguen de forma parecida y, por lo tanto, si así eran las cosas dudo mucho que hayan cambiado.
La Aguirre es una política que nació con la hipocresía de quien está rodeada de dinero y negocio, y que jamás ha sufrido ninguna de las necesidades de las que habla, por eso su forma de resolverlas no tiene en cuenta a quienes las padecen. Su afán por machacar al enemigo la convierte en una persona realmente peligrosa, de esas que son capaces de matar mientras mueren porque su verdadera intención se encuentra plenamente reconocida en su maldad. Aguirre no hace esfuerzos por esconder ese ramillete de acciones perversas que la hacen ser una gobernanta del puteo constante hacia quienes la soportan. Lo que ocurre es que ha vivido muy bien escaqueándose de las responsabilidades: cuando iba bien es que estaba ella y cuando iba mal es que eran los del gobierno central los que provocaban todos los problemas, y mientras tanto se ha convertido en una verdadera hooligan parlamentaria, recurriendo al chiste fácil, a ridiculizar, a soltar obviedades más cerca de una peluquería con pasillo directo a la taberna que de un despacho oficial.  
Aguirre divide todo lo que hace como política en tres tipos de acciones. El primer tipo es el del fastidio (por no decir algo peor, aunque arriba se me escapó), ella vive en un mundo maniqueo de buenos y malos, de blanco y negro y todo lo que le huele a su contrario, sea persona o colectivo, hay que aniquilarlo, destruirlo generando cacerías basadas en infamias, en mentiras, en el uso torticero de la ley. El segundo tipo es el destructor de lo público para generar beneficios al capital privado (si es posible amigo) y privatiza todo lo que puede y más: el agua, la educación, los hospitales,... da igual, cualquier cosa con tal de llevar a la práctica una política liberal en lo económico que ella misma tergiversa haciendo chanchulleos que el propio Adam Smith tacharía de terrible intervencionismo. El tercer tipo es el de la publicidad, la señora Aguirre hace todo lo que sea posible para dar rienda suelta a la necesidad de reivindicarse constantemente: se gasta un pastón en publicidad, está todo el día en el Canal Metro o directamente se autoconvence de ser una heroína internacional dando una rueda de prensa en calcetines. Todo por la imagen, una imagen realmente insólita pero que encuentra a sus fans entre los que más tienen y los que menos piensan. No hace falta que piense nadie porque ya lo hace ella por los demás.
Muchas veces se acude a las imágenes de determinados políticos latinoamericanos para hablar de populismo, y se les echa en cara ese término como si estuviesen más cerca de una dictadura que de una democracia. Aguirre es populista, todo el mundo lo sabe y da la sensación que ese populismo esconde su sentido autoritario de la vida, donde el ordeno y mando se convierte en el primer mandamiento de sus actos diarios. No se trata de gobernar, se prefiere mandar y si es posible humillando; eso sí, jamás humillándose, ella nunca reconocerá errores (salvo por twitter) porque cree en eso de "no hay que llorar ni por la leche derramada" claro que en su caso lo que se derrame no será otra cosa que mala leche, de la peor.

No hay comentarios:

Publicar un comentario