Saltan en estos últimos días a las páginas de los diarios los nombramientos familiares que desde el nuevo gobierno se están haciendo, desde el marido de Cospedal hasta el hijo de Esperanza Aguirre han sido propuestos para formar parte de organismos públicos como asesores, consejeros o ejecutivos. Incluso dicen que el propio presidente Rajoy se ha molestado con el excesivo ruido mediático que alguno de ellos, especialmente el del esposo de la presidenta de Castilla-La Mancha, ha generado y ha obligado a dar marcha atrás para que tamaño borrón no le salpique de forma constante en los difíciles tiempos que vivimos.
Nadie puede dudar de que por desgracia la tendencia a enchufar cuando se logra una cuota de poder salpica no solo al Partido Popular, y además esa constante se hace más perceptible en los lugares más recónditos: ayuntamientos, diputaciones... generalmente más alejados de las luces que los consejos de administración o las fundaciones con capital público. Pero, claro, resulta que el actual partido del gobierno ha llegado a la Moncloa y a casi todo lugar de poder con unas expresiones tales como austeridad, rigor presupuestario y demás... y parece que todo eso solo se refiere a los demás y no a sus propias familias, por eso nos encontramos con el "maridísimo" y "hermanísimo" cospedalienses, el "hijísimo" aguirreniano, o el "cuñádísimo" cañetero entre otros y ahora la transparencia ya no les afecta y la callada por respuesta se impone en el vocabulario de la portavoz-vicepresidenta-mandamás Santamaría.
Hace no mucho tiempo una de las agraciadas con uno de estos premios gordos decía que los interinos eran unos enchufados, curiosamente es ella (la presidenta de la Comunidad de Madrid) la que se debería encargar de controlar el buen funcionamiento del acceso a la administración, intuyo que el hecho de que su niño ahora asesore en un ministerio y se lleve al bolsillo un buen pastizal de todos, será la consecuencia de un proceso totalmente limpio e imparcial y para nada se habrá tenido en cuenta sus apellidos. No se lo creerá ni harta de vino, como todo el mundo sabrá que la alcaldesa de Madrid no sería alcaldesa si su esposo no fuera quien es ¡Viva el vino!
Sobre esto de los linajes ya escribió el líder Rajoy, casi parafraseando a don Manuel su padre político, y lo hizo hace ya unas cuantas décadas, allá por el año 83 en las páginas de "El Faro de Vigo", con comentarios como que desde hace tiempos remotos era verdad indiscutible que la estirpe determina al hombre, o con la más que premonitoria afirmación "Los hijos de buena estirpe superaban a los demás". No se puede decir que este hombre ya no lo venía anunciando desde hace tiempo y tenía claro que su gente y la familia de su gente son la buena estirpe y los demás debemos pertenecer a eso que en el Antiguo Régimen se llamaba el Tercer Estado, o directamente los gilipollas que tiene que haber en toda sociedad que, obviamente, somos mayoría.
Detrás del enchufismo popular no hay un simple, e injustificable, afán por poner en puestos de responsabilidad a los amiguetes y familiares, detrás hay una creencia de que son mejores y que solamente ellos se lo merecen.
Y todo ello ocurre con la poco recomendable política de crear puestos de confianza y alejarlos de la transparencia del acceso en igualdad de condiciones, que es la mejor manera de romper los tejemanejes de quien ocupa los puestos gubernamentales. Eso sí, si además del interés por colocar está la creencia de creerse superior algunos llevarían de muy mala gana tener que enfrentarse a la mayoría de gilipollas.
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