martes, 13 de marzo de 2012

La emergencia del chupasangre

"Il Quarto Stato" de Giuseppe Pellizza da Volpedo
Resulta que la Ministra de Empleo (Trabajo de toda la vida) se despacha sobre la convocatoria de huelga general con un "las huelgas generales no crean empleo" y se queda tan ancha la señora. Vamos que si ahora mismo llegara la academia sueca igual hasta la nominaban para el Nobel a la tontería supina. La Báñez podría utilizar otro argumento para oponerse a las protestas de los trabajadores y trabajadoras contra la reforma laboral que ella misma ha amadrinado. Es evidente, señora ministra, que la huelga general no va a generar empleo, pero es que no está para eso. Digamos que el problema lo tiene usted porque su nueva propuesta legal da la sensación que tampoco lo va a hacer y esa sí que debería estar hecha para crear puestos de trabajo. Lo que pasa es que es más cómodo escupir veneno con la boca del ejecutivo mientras se preparan otros para chupar la sangre y, por eso, llegan las declaraciones tan inteligentes dando a entender que como estamos en situación de "emergencia nacional" la única respuesta válida es cerrar el pico y asumir todo lo que nos llegue. Supongo que lo de la "emergencia nacional" no irá con esos que se han beneficiado de la crisis haciendo que aumente la brecha entre ricos y pobres, los mismos que hacen que los artículos exclusivos de lujo sean los que mantienen o incrementan la demanda. Para esos no hay ni "emergencia" ni "nación" porque tienen el concepto de patriotismo metido en la boca pero cuando se trata de arrimar el hombro solo lo identifican con plantarlo para mandar a la cuneta a alguno de sus empleados.
Esto de la crisis que nos agobia, y que está en un plan que se va a convertir en existencial, es la respuesta a los avances sociales de las clases medias y bajas en los últimos años, las últimas décadas europeas diría yo, ahora toca apretar el cuello lentamente, obligando a decir "madrecita que me quede como estoy" o directamente "que me quede aunque sea peor". Dije obligando, pero hay muchos que en realidad se dejan obligar y se convierten en quintacolumnistas del capital más extremo; sí, esos de los que se dice que son pobres y de derechas. 
Pero como necesitan su cabeza de turco buscan para el papel a los sindicatos, y casi los convierten en verdaderos culpables de la quiebra del sistema... y los quintacolumnistas hacen su trabajo. Todo el mundo sabe que dentro de las centrales sindicales hay muchas personas y cada una tiene su estilo y sus defectos que afloran como en toda gran organización, y llega el equívoco de intentar confundir el sindicalismo con algunos sindicalistas, y se quedan tan anchos los que en vez de poner el dedo en la yaga lo extienden en plan acusador y utilizan el poder mediático para desacreditar años y años de lucha sindical. Esto no hace daño a una determinada tendencia, en realidad ataca a la propia sociedad a la que, de nuevo, quieren dejar desnuda, y busca proponer la ley de la oferta y la demanda como única base que regule las relaciones laborales: estoy seguro de que a muchos contratadores les gustaría ir con una furgoneta a Atocha y allí elegir de entre una manada de obreros hambrientos a los que más les interesen, sobre todo si se pelean por un sueldo que acabarán aceptando cada vez más bajo. Les encantaría recordar la misma escena que se vivía en los pueblos del sur cuando el señorito o su capataz iba a la plaza a elegir a los jornaleros.
Y cuando ya sea imposible, y la marcha atrás ni se vislumbre, algunos dirán que habría que haber hecho una huelga general en condiciones, y que la culpa es de los sindicatos, pero seguirán cayendo en eso de la "emergencia nacional" mientras la señora Báñez estará convencida de su gran trabajo para el beneficio de los chupasangre.


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