jueves, 1 de marzo de 2012

Aparato

Los partidos políticos son estructuras fundamentales para la democracia. Habrá quien diga que son también los culpables de que esa democracia esté en tela de juicio por buena parte de la ciudadanía. Y no creo que les falte razón, al contrario, entiendo que estas dos primeras premisas son totalmente compatibles. Incluso añadiría otra: siendo fundamentales para la democracia los partidos políticos son estructuras poco democráticas, a veces nada. Ya he hablado aquí de transparencia, de necesidad de abrir puertas y de elección directa de los más importantes cargos institucionales. Pero hoy me quiero centrar en un elemento básico de todo partido político: el aparato.
...buscando el mejor puesto de salida
Sería imposible entender el funcionamiento, no siempre comprensible, de las organizaciones políticas sin el papel que juega el primer núcleo del entramado de personalidades que dirige un partido bien a nivel local, regional o nacional. Ese grupo encargado de tomar decisiones y de hacer que valgan más que ningunas tiene un valor contradictorio: por un lado marca un camino y hace más sencilla la toma de decisiones, pero por otro es el trampolín para lograr, o mantener, la mejor colocación en las listas electorales. La primera de estas funciones es peligrosa puesto que esas decisiones se convierten en las de una oligarquía si no cuentan con el respaldo y participación del cuerpo de militantes. La segunda directamente es perniciosa, especialmente en lo que respecta a mantener estatus dentro de la organización.
Es muy habitual ver que la lucha por pertenecer a ese "alto mando" se convierte en una verdadera carnicería política, en la que los debates juegan poco, las ideas menos y las negociaciones "bajo cuerda" adquieren el rango de fundamentales. Detrás alguna cara nueva y muchas que se suelen repetir año tras año y congreso tras congreso. De hecho hay quien afirma, y creo que con una razón innegable, que la pérdida de energía en la lucha interna es tan ingente que resta muchísimo de la necesaria para la confrontación política con otros partidos de ideología diferente. Incluso hay quien se especializa en vivir del conflicto interno realizando pactos, provocando crisis y sabiéndose situar siempre en el lugar más oportuno para mantenerse en el candelero.
Todo esto es mucho más peligroso si la persona que se sabe situar tiene un cargo público, y entonces nos encontramos con que su único interés es renovarlo con su aparición en puestos "de salida" en las listas electorales, cuando logran ese premio saben que han logrado su objetivo y, en realidad, lo de la ilusión por ganar unas elecciones queda en un segundo término. Alguno hasta da la sensación de sentirse más cómodo en la oposición puesto que la responsabilidad es menor y las equivocaciones o se notan menos o directamente no se notan.
Desde los partidos de izquierda esto se debe plantear como una cuestión de primer orden y creo que la limitación de mandatos se convierte en un asunto a reflexionar y, digo más, a poner en práctica. A mi no me vale alguna opinión que dice que si existiera esa limitación de mandatos algunos de los más importantes líderes de la izquierda española y europea no hubieran gobernado tanto tiempo. Claro que ninguno aclara la razón por la que acude al pasado para justificar el futuro, y no entiende que ahora más que problema de líderes hay un problema de esclerosis de las estructuras. Igual hay demasiado experto en aparatos que se cree gran estadista.

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