Dijeron la palabra
y se imaginaban a un señor tras una ventanilla poniendo un cartel blanco de
plástico duro y con letras negras que rezaba “Volvemos en unos minutos”, que
después recorría el trayecto desde el negociado hasta la cafetería en la que
con parsimonia tomaba un café y departía amistosamente durante un buen rato con
sus compañeros. Después retornaba a la ventanilla y con mala cara despachaba al
personal con un “vuelva usted mañana”. Y así son todos, pensaron.
Y el chismorreo
general no hace más que alimentar la leyenda de los cafés y la vagancia,
posiblemente porque es más fácil pensar con el hemisferio de la envida que con
el del sentimiento de colectividad.
Lo público agrupa a
tantos sectores que le hacen fundamental para el desarrollo y bienestar de una
sociedad, sin embargo, desde determinados grupos de poder especialmente los
escorados a la derecha, pero no solo de la derecha, se ha emprendido una caza
hacia el funcionario que es, directamente, intolerable.
Ahora resulta que
la razón de la crisis económica internacional se encuentra en los trabajadores
públicos y, por tanto, hay que emprender el tan cacareado “adelgazamiento del
Estado” mandando al paro a miles de personas que han tenido su puesto en la
gran maquinaria estatal, no cubriendo bajas, reduciendo las contrataciones o
los salarios. Para un gobierno es lo más fácil porque son trabajadores con una
calidad laboral bastante buena, un salario aceptable (aunque en algunos casos
muy justo) para toda la vida y un acomodamiento general desde el punto de vista
reivindicativo.
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| San Forges de nuevo |
Sin embargo,
resulta que todos los análisis económicos que han intentado explicar las
razones de la actual situación económica las encuentran en el sector privado,
especialmente destaca el atroz protagonismo de la banca o, en el caso de
nuestro país, las innumerables empresas que han vivido del sector de la
construcción. Quien ha especulado ha promovido el endeudamiento que más que
público ha sido privado.
Pero la forma de
poner a régimen a toda una nación ha empezado con recortar en profesores,
maestros, médicos, enfermeras, trabajadores de los juzgados, de los servicios
sociales o de la atención directa al ciudadano. Con esos recortes, palabra que
no gusta pero que es la más gráfica, se empeora la salud del ciudadano, y no
hablo del tema sanitario, hablo de la salud del propio concepto de ciudadanía
que se encuentra desnuda ante los peligros y amenazas de quienes manejan las
finanzas privadas internacionales, grandes triunfadores de las crisis.
Nadie duda de la
necesidad de eficiencia y eficacia en el sector público, pero la caza al
funcionario es, en realidad, un paso necesario para la venta de servicios,
otrora intocables, y convertirlos en negocios rentables. El domingo Madrid
votaba sobre la privatización del Canal de Isabel II, una empresa pública que
genera más de cien millones de euros de beneficio anual y que, sin embargo, la
derecha más neoliberal de Europa quiere empezar a privatizar.
El negocio se
mezcla con los intentos de pauperización de la mayor parte de la sociedad,
justificando salarios bajos y flexibilidad laboral (que en realidad es
desregulación y despido libre) por el aumento significativo del desempleo.
Dicho de otra forma, el conservadurismo neoliberal hace chantaje emocional al
que se queda sin trabajo, y le dice que hay que trabajar más por menos y que
los culpables son los que tienen trabajo para siempre porque no son solidarios.
Pero en realidad esa persona que se ha quedado en el paro no sabe que el sector
público ha ejercido como punta de lanza de los grandes derechos de los
trabajadores, porque los funcionarios al no tener grandes presiones desde la
cúspide han podido negociar convenios con derechos que, en muchos casos, se han
ido extendiendo al resto de empleados. Y eso es lo que se quiere cortar, el
funcionario es peligroso porque puede dar ejemplo, ellos y los sindicatos se
han convertido para algunos en los culpables de los seis millones de parados
que parece que tendremos a final de año.
Y mientras esto
pasa, y el profesorado defensor de la pública en Madrid es considerado por la
policía (funcionarios también, por cierto) como peligrosos agitadores, estoy
seguro que más de uno sonreirá con malicia mientras se toma parsimoniosamente
un café, como el más típico funcionario de los sueños capitalistas.

En fin, tu post no está exento de razón pero, a mi entender, no la tiene toda.
ResponderEliminarCreo que miras únicamente este "ataque" a los funcionarios y ves su origen en unas medidas relacionadas con "la crisis". Existen otros "ataques", como la eliminación de la licitación pública de muchas administraciones o una barbaridad de recortes en servicios que prestaban empresas privadas (que como en todos sitios, tienen manzanas podridas, pero también gente honrada y trabajadora, empresarios incluidos) y que han hecho perder el trabajo a mucha gente.
Esta “animadversión” hacia el funcionario viene de antes de la crisis y se basa en la experiencia que hemos tenido muchos en el trato con ellos. Está claro que nos acordamos de los casos negativos, que los positivos son muchos más, pero no por ello hay que obviarlos.
Los derechos de los que hablas se han conseguido generalmente únicamente para los funcionarios (a todos nos vienen a la cabeza los famosos “moscosos”), poniendo a éstos en una situación de privilegio (y puede que únicamente en este aspecto) respecto del resto.
Dentro del funcionariado (o parte de él) existe además una sensación de impunidad: el que no hace su trabajo queda impune (se podrá negar, pero conozco bastantes casos y creo que todo el mundo también). Este efecto es acumulativo: quien no trabaja no se va de su puesto de trabajo. Quizás tengas compañeros con este perfil.
En definitiva, a lo que voy es que sin ser un conservador neoliberal, se puede pensar que es necesario “adelgazar” el sector público, y que el “ataque” a los funcionarios no es más que el que es generalizado hacia todo el mundo: recorte, simple y llanamente, pero incluso más perjudicial hacia otros sectores. Nadie está exento.
De los culpables creo que estamos de acuerdo, pero a pesar de que el ciudadano de a pie no tiene la culpa, es evidente que el pastel que hay es para nosotros, y en mi opinión no hay otra manera de que nos lo comamos. No por ello pienso que sea justo.
Ánimo con el blog!