lunes, 5 de marzo de 2012

Añoranza excéntrica y legal

Estoy seguro de que en algún cuartel todavía queda alguna foto del dictador Franco prendida de la pared, es fácil que lo esté tras una puerta del despacho de algún mando que añore su juventud bajo la mirada, siempre presente, del Caudillo. Quitarse esa añoranza como país ha costado, diría que cuesta, porque las mentalidades están alejadas de lo artificial y la Transición (en mayúsculas porque la han hecho sagrada) no fue otra cosa que un colosal acto de ingeniería política muy alejado de la naturalidad de los acontecimientos y de la propia evolución de las mentalidades. La Transición más que buena fue rápida y, por eso, en poco tiempo España pasó de ser una dictadura a ser una democracia cortada bajo patrones europeos. Sin embargo, como dije arriba, no fue natural y ahora pagamos la herencia de la ingeniería política de una derecha que se disfrazó de moderada y una izquierda que se hizo "obligadamente" pactista. Si la foto del dictador que sigue tras la puerta del cuartel se puede considerar como una excentricidad personal de un individuo criado bajo la nómina de esa España "Una, Grande y Libre" hay otro tipo de restos mucho menos individuales y que se pueden considerar como añoranzas excéntricas legales. El más evidente es el del poder de la Iglesia Católica en nuestro país.
¡Qué grande El Roto!
Eso de la aconfesionalidad es una rendija abierta al olor de botafumeiro porque cuando el Estado puede aceptar acuerdos con los representantes de las creencias es simplemente una oportunidad para sentarse con los obispos y negociar, pero ¿qué tiene que negociar un Estado con unos obispos? Nada (o casi nada). Detalles como la cesión o regalo de espacios públicos, la aparición en ellos de sus símbolos, la enseñanza de sus ideas en la escuela de tod@s,  la financiación o la puesta a disposición de la Conferencia Episcopal de una casilla en una documentación pública y oficial, y algunas cosas más son un ejemplo de cómo algo que tendría que estar presente en la espiritualidad humana se convierte en elemento agregado al poder y a la estructura básica de él que es la estatal.
Recuerdo como desde la izquierda se planteaba que ser valientes con este tema, es decir hacer de España un país en el que esa aconfesionalidad constitucional fuera de facto una situación de laicidad, suponía un coste electoral de un millón de votantes, de hecho desde el anterior gobierno se abrieron negociaciones sobre la financiación pensando que los euros iban a callar a la Iglesia de Rouco y cía. en sus batallas de críticas hacia las medidas de apertura social y de libertades que se pusieron en práctica. Supongo que la lección habrá servido para algo porque la Iglesia ha seguido igual de intransigente tras pactar un complaciente acuerdo económico.
No creo que haya mucho margen al pacto con quien se opone a la unión entre homosexuales (y que no engañen con eso de que el tema es la palabra "matrimonio": la semántica no esconde la intransigencia), el uso del preservativo (esa oposición para mi roza el delito contra la salud pública) o con quien impide las voces críticas contra la reciente reforma laboral. Esto y muchas otras cosas más quedan patentes día tras día en los medios de comunicación y empresas diversas que controlan los obispos y personal aledaño.
La búsqueda de la laicidad no puede ser vendida como extremismo porque si fuera así casi toda Europa sería roja y estalinista, y dudo mucho que Sarkozy o Merkel alcen el puño cuando escuchan, si es que alguna vez lo han hecho, la Internacional. No es extremo que las cuestiones religiosas confesionales se enseñen en los templos, no es radicalismo gratuito cobrar el IBI por los inmuebles dependientes de la Iglesia, ni decirles que en el impreso del IRPF no se pueden anunciar. Tampoco lo es afirmar que algunos postulados que defienden están fuera de la propia Declaración Universal de los Derechos Humanos
La iglesia católica española (me refiero a su jerarquía) es extrema derecha en lo social, en lo económico y en lo político. Seguramente igual que el mando militar que añora la mirada de una foto detrás de una puerta. 

1 comentario:

  1. La Iglesia que se quedó en España fue la franquista. Todos los curas y monjas "rojos" fueron o bien fusilados o bien obligados a exiliarse en Sudamérica. La hipocresía de la Iglesia, apoyando a aquellos que lo tienen todo, mientras les da palmaditas en la espalda a los débiles (la inmensa mayoría), se hace patente día a día desde hace más de medio siglo. Y aún así los católicos miran hacia otro lado y no protestan por miedo a un Dios que les castigue por haber acatado sus enseñanzas y por hacer lo que se supone que deben hacer todos los cristianos: fomentar la igualdad.

    Muy buena tu entrada, Pedro, como siempre.

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