viernes, 8 de junio de 2012

Cuanto el tiempo juzgó a la reina


“A aquellos que un día soñaron con ser maestros.
 A aquellos que hoy sueñan con serlo”
Camisetas, camisetas, camisetas...
Cuentan que Cronos pone a cada uno en su sitio. De hecho se afirma que cuando alguien no se ha portado con la bondad necesaria para ser reconocida como buena persona el dios griego del tiempo decide que no muera, prefiere que nunca acabe su vida pero que siempre la vaya terminando. Dicen que tomó esa decisión tras ver cómo Sísifo subía y bajaba la ladera del Acrocorinto cumpliendo el terrible castigo por ser avaro y mentiroso.
Cronos tiene la imaginación siempre a punto para proponer el futuro infinito para aquel o aquella que no supera el juicio que da derecho a llegar a la paz mortal. Dicen que una vez a alguien que disfrutaba y reía humillando a los demás le condenó a sufrir un terrible dolor cada vez que esbozaba una sonrisa, aunque fuera la más leve. Tan horrible es la molestia que sonreír le supone llorar. También cuentan que un humano que siempre se movía por la codicia cada día pierde todo lo que logra y no es capaz de dormir por sentirse desesperado por la ruina. Y, así, cansado y derrotado pervivirá toda su existencia.
Una vez llegó a la morada de Cronos un caso excepcional. Se trataba de un ser poco común en los juicios del tiempo, era alguien que había ostentado poder y mando, a quien conocieron por desplegar con férreas maneras una autoridad inmensa que ejercía desde un altísimo trono. Era la reina perfecta para cualquiera de los palos que forman la baraja francesa.  Muchos de los seres que compartieron con ella momentos comunes calificaban sus movimientos de astutos y sus decisiones de maquiavélicas.
Cronos, convertido en juez, no tenía muy claro qué decidir: al fin y al cabo quien ejerce poder se puede confundir, y las confusiones no tienen por qué  formar obligatoriamente parte de la voluntariedad. Sin embargo, estudiando el caso con una minuciosidad extrema, encontró algo que le llamó la atención: la reina se había obstinado en expulsar del reino al gran maestro, a aquel que enseñaba a sus súbditos a contar historias y a soñar, a resolver problemas de números y a respirar en armonía. Extrañado Cronos decidió interrogar a la reina que, cargada de orgullo, dijo: “le mandé fuera de mi reino porque con sus explicaciones distraía a la gente que tenía que trabajar”, espetada de nuevo por el juez la monarca sentenció: “la única tarea de un súbdito es obedecer”. Y con un gesto altivo se sentó en un banquillo forrado de terciopelo azul para acoger las reales posaderas.
Al magistrado le gustó poco esa actitud pero no quería resolver injustamente, por eso decidió buscar la sentencia del juicio que años antes sufrió el gran maestro, ya fallecido. Cronos observó que no hubo ninguna razón para condenarle a la eterna presencia entre los humanos y que durante la vista las lágrimas recorrieron la cara del juzgado. En los archivos permanecían escritas algunas de sus palabras “solo me arrepiento de no haber podido enseñar a la persona que más me odiaba, porque si hubiera podido hacerlo ella también me hubiera enseñado a mi”. También en las actas se especificaba que durante toda la vista el gran maestro llevaba una túnica verde. Cronos recordó cómo maestros y maestras de otros lugares del mundo llevaban prendas de ese color para reivindicar su tarea.
Condeno a la reina a vivir para siempre porque no puede tener un mínimo de bondad quien se deshace de aquel que te quiere enseñar y que está deseando que le enseñes. A partir de hoy todos los días deberá lavar y tender cientos de prendas de color verde que servirán para reivindicar y recordar a los grandes maestros y maestras” La sentencia quedó firmada tras la puesta de sol de un día cualquiera.
Cuentan que, desde entonces, el tiempo no solo pone a cada uno en su lugar, también enseña y hace más sabias a las personas. También dicen que Cronos, cuando llega la noche y la mayoría de los humanos duermen, se enfunda una camiseta verde y durante unos minutos cierra los ojos para ayudar a que se siga contando cómo aprender a soñar.

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