viernes, 1 de junio de 2012

Miedo

Mejor cualquier Roto que cualquier descosido.
La gente tiene miedo y se esconde tras la mentira de sus imaginaciones. Incluso hay quien no quiere pensar en lo que puede ocurrir porque eso ocupa espacio en la memoria y un tiempo tan viscoso que te hace más viejo. Hay terror a recibir los golpes pero se intenta pensar en otra cosa para que esos otros mundos sean anestesia de lo que nos espera. De ello se sirven los encargados de manejar nuestras vidas porque a base de mentiras y malabares hacen los planos de nuestros pasos, nos dirigen por las cañadas que les interesan.
Y por ellas vamos todos, cagaditos la mayoría, y los que quieren salirse del redil reciben el bocado del perro pastor o el palo del propio guía. Saben de nuestro temor y lo utilizan como parte de la estrategia. 
Pero no es solo un miedo social y colectivo, el de las reses que van en manada y acaban haciendo las cosas sin saber el porqué. Hay un miedo individual y que trata de contagiar al que está alrededor, excusas que sirven para hacer más llevadera la intranquilidad o para provocar el olvido en el día a día. Y los reproches van para aquellos que nos recuerdan lo que puede pasar, lo que está pasando.
Principio de la derrota, madre del fracaso. Nos llevan para hacer de algunos de nosotros locos, ponen el dedo acusador frente a los llamados radicales: esos animales que se saltan al sembrado, lo pisan, lo mean, lo cagan y si tienen hambre se lo comen. Parece que les enfada que se haga algo distinto, prefieren la eterna pasividad que otorga el no salirse del camino, el conformarse con los lugares marcados para saciar las hambres.
Incluso algunos visten el temor de falso pragmatismo como si fuera sinónimo de inteligencia, en realidad se pierden entre las miradas del qué hacer y acaban haciendo lo mismo: seguir a los demás aunque de vez en cuando alcen un poco la voz.
Cambiemos el camino. Venzamos al miedo.

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