sábado, 14 de abril de 2012

La II República y la memoria de elefante

Miramos hacia atrás y nos encontramos hace 81 años con una España ilusionada a causa del cambio de régimen y con otra con la sensación de que entre sus dedos se escapaban los privilegios universales de los que había disfrutado durante la historia patria. El país afrontaba la segunda etapa republicana con diversos problemas abiertos que eran, en realidad, campos de batalla ideológica entre el mundo del conservadurismo privilegiado y el del crisol de grupos con planteamientos progresistas. De entre el "primer mundo" destacaban de forma sibilina el ejército, la iglesia y los grandes terratenientes. De entre los segundos un amplio abanico con estrategias, en ocasiones, tan diferentes que hasta podrían ser enemigas.
Formas perdidas. Genial Máximo.
La República hizo un esfuerzo por modernizar el país tanto en la mentalidad como en la realidad con legislación moderna y acorde con las grandes transformaciones como una excelente constitución, con una apuesta potente por la enseñanza pública, con la separación Iglesia-Estado, con la modernización de la estructura del ejército, con la respuesta a las sensibilidades nacionales dentro del Estado, con una reforma agraria que intentaba potenciar la producción agraria y eliminar la pobreza rural estructural a partir del reparto de tierra. Hubo más cosas que junto a las expuestas hicieron que aquel mundo privilegiado se opusiera con frontalidad desde el primer momento, esa oposición y las diferencias internas de los grupos republicanos, con algún error añadido, hicieron que algunas medidas quedaran a medias. Además no podemos dejar de lado el contexto económico y político internacional, en el que la crisis de 1929 y sus efectos iban a provocar una polarización en el viejo continente con las terribles consecuencias que todos conocemos.
A la República no la querían dejar triunfar, por eso sus máximos enemigos no la dejaron respirar y no hicieron ningún esfuerzo para evitar el enfrentamiento que ellos mismos provocaron. La guerra fue el efecto de un golpe de estado en toda regla que acabó con un régimen legítimo y puso en marcha uno dictatorial.
Hoy en día, algunos siguen con los efectos de la mala imagen que el Franquismo dio a la época republicana y del poco afortunado revisionismo histórico que ha tratado de justificar a la derecha actual su historia manchada de sangre durante la Guerra Civil y la dictadura. Incluso hay quien intenta poner, por ejemplo, a la bandera rojigualda del águila a la misma altura de la tricolor, digamos que no son capaces de entender que son dos símbolos distintos en su esencia: la primera es la bandera de quien asalta al poder democrático, la segunda es la del poder democrático. No se pueden ver igual. Parte de esta dificultad de entender la diferencia que hace que haya quien rehuya el tema, e intente igualar a unos con otros, se encuentra también en la mitología existente sobre la Transición española, obra de evidente ingeniería política pero de ocultadora visión histórica, en la que a base de reafirmar las necesidades del presente para abrir el futuro se echó de lado a la memoria, encontrándonos hoy en encrucijadas que deberán resolverse si queremos crecer como país.
De la II República debemos decir que fue una etapa en la que nuestro país empezó a tomar el pulso al siglo XX, pero que el propio devenir trágico de España y del propio siglo hicieron que se frustrara. De la III República debemos entender que será siempre y cuando tengamos necesidad de una nueva ilusión para el futuro y una memoria de elefante para el pasado. Supongo que esa es la razón por la que al actual monarca le gustan tanto las cacerías de paquidermos.

2 comentarios: