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| Solo somos números. Aunque haya algún número más número que otros. |
Llegará un momento en el que quien quiera ser padre o madre se habrá quitado un problema de encima, me refiero a ese de poner nombre al recién nacido. Valdrá con ponerle un número, incluso podría valer el del DNI y listo. "Mi hijo es el cincuentaycuatromillonesdoscientosdocemilcientotrece" dirá el padre cuando tenga que apuntar a su vástago en el colegio, privado por supuesto. Y eso que puede ser futuro no está muy lejos de la realidad, y sino que se lo digan a los trabajadores de Unilever en Aranjuez a los que la multinacional de detergentes y suavizantes los ha tratado como verdaderos números, sin pensar en su alma y sus familias.
Las sociedades que llaman occidentales se han construido a partir del liberalismo político y el capitalismo económico, solamente el pacto entre la democracia cristiana y la socialdemocracia europea hizo que durante unas décadas hubiera una paz social basada en un sistema económico tendente a lo mixto que unos interpretan como el sueño del estado del bienestar y otros como el adormecimiento de las clases bajas a costa de mantener el dominio de las clases dominantes. Obviamente todo forma parte del liberalismo aunque sea mezclándose con el revisionismo marxista de Berstein. Y ese liberalismo valora el papel de la persona como individuo, como también lo hace, siempre desde otra óptica, una de las corrientes del anarquismo. Pero hablo de la persona, y se entiende que de ella hay que extraer y respetar sus opiniones y sus necesidades, así como defender sus derechos individuales a través de un estado de derecho en el que todos sean iguales ante la ley. Esta es pura doctrina liberal.
Pues bien, esa doctrina se ha roto como también se rompió el pacto entre la democracia cristiana y la socialdemocracia, ya no podían mirar al otro lado del muro. El liberalismo en realidad ya no existe, porque los regímenes políticos que se dicen liberales ya no hacen que todos sean iguales ante la ley, ni respetan al individuo ni practican la defensa del estado de derecho. El Estado sirve para poner en las manos de los que más tienen los mecanismos para olvidar a los individuos, para dejar de tratarlos como personas y tratarlos como verdaderos números que generan sumas y restas: "Mi hijo es el cincuentaycuatromillonesdoscientosdocemilcientotrece", por eso se está tan interesado en salvar a los grandes defraudadores (no hay más que ver la amnistía fiscal puesta en marcha por el gobierno actual) porque ellos son diferentes, son los más ricos y por lo tanto no merecen ser tratados como números. El resto sí: una gran empresa cuyos miembros del consejo de administración podrían ser amnistiados, puede jugar con sus trabajadores con una frialdad extrema y hablar de ellos como si fueran kilos de materia prima o kilowatios de electricidad, o pueden echar una bonoloto haciendo combinaciones con sus "curritos-números" a través de un ERE.
Y luego está lo de no respetar el estado de derecho: dentro de la Unión Europea se reconoce que se han saltado todos los límites democráticos (y eso que no había mucho) en la toma de decisiones por eso, ya puesto a saltarse límites, Rajoy ha decidido explicar los presupestos antes a los enviados de Merkel que a los propios parlamentarios. Es cuestión de números (y numeritos).

¿Se les podría poner un apodo cariñoso a los hijos del futuro...?
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