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| Un grafitti respnde a Alberti. Foto de Enrique González encontrada en http://objetivomalaga.diariosur.es |
Desde que salió a la luz la Ley de Memoria Histórica la derecha política, sociológica y mediática sacó su hacha de guerra contra todo lo que oliera a recuerdo de los crímenes y represalias durante la época de la dictadura. Su lección bien aprendida y que repiten sin parar es que lo pasado pasado está, y que no se puede remover porque hay que pensar en el futuro. Lo hacen con un convencimiento tal que da hasta grima escucharles, puesto que ocultan el papel de la historia como cimiento sobre el que se construye el futuro. Claro, hablamos de la historia que no les favorece ya que muchos de los que hoy encabezan esa derecha son los hijos y nietos de los protagonistas de la represión.
Cuando el anterior gobierno puso en marcha la ley, que si pecaba de algo era de ser políticamente correcta y evitaba pisar algunos terrenos molestos, se inició la campaña de la Antimemoria Histérica que ahora con el gobierno casi total del Partido Popular ha llegado a extremos realmente inexplicables y que generan sonrojo a los que conformamos esta sociedad. Resulta que en un pueblo de Almería han decidido quitar el nombre de Rafael Alberti a su teatro municipal y el señor concejal de ¿cultura? de la localidad dice que ese nombre no aporta nada al pueblo, intuyo que el edil desconocerá el valor del Premio Nacional de Poesía de 1925 lo cual es grave tratándose del encargado de velar por la ¿cultura? de su pueblo, pero lo es más por atreverse a hablar del tema con la soltura que lo hace, casi queriendo demostrar al viento su terrible incultura.
Cuando el anterior gobierno puso en marcha la ley, que si pecaba de algo era de ser políticamente correcta y evitaba pisar algunos terrenos molestos, se inició la campaña de la Antimemoria Histérica que ahora con el gobierno casi total del Partido Popular ha llegado a extremos realmente inexplicables y que generan sonrojo a los que conformamos esta sociedad. Resulta que en un pueblo de Almería han decidido quitar el nombre de Rafael Alberti a su teatro municipal y el señor concejal de ¿cultura? de la localidad dice que ese nombre no aporta nada al pueblo, intuyo que el edil desconocerá el valor del Premio Nacional de Poesía de 1925 lo cual es grave tratándose del encargado de velar por la ¿cultura? de su pueblo, pero lo es más por atreverse a hablar del tema con la soltura que lo hace, casi queriendo demostrar al viento su terrible incultura.
No es el primer caso, el alcalde de Sevilla retira el nombre de Pilar Bardem de una calle, obviamente lo hace porque es roja y en nada tiene en cuenta su valor como actriz, seguro que si fuera Norma Duval al señor alcalde no se le ocurriría tal medida y soñaría con las piernas de la vedette como emblema del papel de la cultura. Pero la represalia ha llegado en otras poblaciones a nombres como Miguel Hernández, Pablo Neruda o Enrique Tierno Galván. El primero supongo que por ser pobre y morir en la cárcel nada más acabar la guerra, el segundo por ser Premio Nobel y comunista, y el tercero porque fue socialista y autor del preámbulo de la actual Constitución Española.
Mucho tiempo tuvo que esperar Rafael Alberti para que pusieran su nombre a un teatro, justo el que duró la dictadura. Ahora han tenido que volver los herederos directos del franquismo para desmemoriar otra vez a la infecta España que han transformado los rojos.

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