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| RAPjoy, por Farrugo |
Don Mariano se las prometía muy felices, todo consistía en obstruir al máximo la acción del anterior gobierno y aprovecharse de sus errores y debilidades, incluso de cierto camino ya recorrido que tal vez nunca debimos patearlo con un gobierno socialista. Don Mariano iba muy contento entonces, solo le bastaba con esperar el batacazo de quien sabía que las decisiones iban a alejarle de la masa social que antes había confiado en él, la que vio en ellas una traición. Es lo que tiene la eterna lucha entre los ideales y la responsabilidad. Posiblemente muchos hubieran hecho otra cosa. Pero, mientras, don Mariano sonreía entre puro y puro, y hablaba de la confianza como si fuera la palabra mágica. Pensaba que él, un hombre de derechas de toda la vida, conservador en las formas y liberal para lo que le interesa no iba a tener problemas en ser visto por la Europa de los mercados, los bancos y la especulación como uno de los suyos. Don Mariano pensaba que con eso iba a valer, que usaría la crisis para cambiar un modelo que pensaba algo, tal vez no lo suficiente, en los ciudadanos a través de unos servicios sociales aceptables, sanidad y educación públicas, y derechos civiles dentro de "la media comunitaria". Y creía que era fácil: una pequeña tanda de recortes y unos presupuestos dolorosos para que los de aquí entendieran que la cosa estaba complicada y que había que hacer sacrificios de magnitud extrema porque el "otro" no había hecho bien los deberes, y que para los de allá suponían un mensaje de tranquilidad; nunca de rendición porque Rajoy siempre ha creído que seguía siendo uno de los suyos.
Sin embargo, se la jugaron y le dijeron que no bastaba, y con más miedo que vergüenza sacó el hacha de talar sociedades y sentido común, ordenó a sus ministros tocar con violencia las dos únicas patas aún medio sanas que nos quedaban, y corría y corría don Mariano para no dar explicaciones a nadie, posiblemente porque ni él mismo las conocía. Y la prima seguía por encima de los 400 y esos que son los suyos hablan de intervención, entonces don Mariano queda atrapado en su propia mentira como candidato a ser el máximo gobernante. Tal vez le importe por el orgullo personal, no tanto por el orgullo ideológico. Al fin y al cabo los suyos, tal y como está el asunto y si no lo evitamos, o ganan o ganan.
Don Mariano podrá preocuparse mucho ahora, incluso dirá que sus neuronas ya peinan canas de tanto pensar, pero sabe que su plan está en marcha: hacer que lo que nos quedaba a todos como gestión de todos pase a formar parte de lo que gestionan unos pocos, esos que piensan con la billetera, esos que también son de los suyos. El plan está trazado. Lo que ocurre es que los mercados, los especuladores malnacidos, quieren más, y don Mariano ha entendido que si tienen que pasar por encima de él, uno de los suyos, pasarán también. Y su reconocimiento internacional, el que soñaba fumando puros, se irá al garete. La victoria de los suyos la tendrá igual ¿les vamos a dejar?

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