lunes, 7 de mayo de 2012

Francia y Grecia, lecciones desde las urnas

Rosa en mano: celebración de la victoria en París. (Corentin Fohlen/ Le Monde)
El domingo electoral que acabamos de vivir nos deja gratas noticias para la izquierda en Europa, da la sensación de que poco a poco hay gente que se va convenciendo de que son realizables medidas y acciones políticas distintas a las que nos han querido vender como únicas. Es innegable que esa venta de producto único ha estado muy condicionada a que el eje París-Berlín ha estado dominado por una visión derechista de una Europa que ha propuesto la reducción del déficit como única forma de resolver la crisis. Esa estrategia, que en la actualidad nos ahoga en España, solo ha logrado ralentizar tanto la economía del Viejo Continente que no se disipa una salida real de este período negro si no es a base de perder derechos y calidad de vida.
Hollande gana en Francia y leyendo su programa nos encontramos propuestas distintas como una reforma de la fiscalidad que anule exenciones a los ricos y que cree un nuevo impuesto de sociedades que sea mayor cuanto mayor sea la empresa, prohibición a los bancos de actuar en paraísos fiscales, mejora de las condiciones sociales en los barrios más desfavorecidos, reducir la cuota nuclear, renegociar la estrategia europea, fortalecer la educación pública con 60.000 nuevos profesores o proponer las leyes de matrimonios homosexuales y de eutanasia. Son promesas lógicas para un partido de izquierda y de las que había que tomar nota en otros lugares, sobre todo demuestra un programa claro con respuestas distintas, para nada revolucionarias, pero convincentes y lógicas. Es posible que el no haber estado en ningún puesto de alta responsabilidad en los últimos años ha ayudado a que el socialismo francés madure algo diferente, pero no dejemos de lado el modo de solucionar su propia crisis interna a base de primarias y mayor participación de afiliados y simpatizantes. En el debate presidencial de hace unos días el candidato Hollande contaba en su cuartel general con el apoyo directo de dos de sus mayores rivales internas: su exmujer Ségolène Royal y la primera secretaria Martine Aubry, lo que demuestra que las cicatrices que generan los duros procesos orgánicos se pueden curar.
Mientras Hollande ganaba en Francia, en Grecia el parlamento parece haberse convertido en un mosaico que algunos anuncian será incapaz de generar un gobierno. Lo más resaltable de las elecciones helénicas es el fin del bipartidismo, habiendo quedado el legendario PASOK en un tercer lugar y siendo superado por la formación izquierdista Syriza que se ha llevado el voto crítico con las medidas de ajuste que el vencedor partido de derechas y los socialistas apoyaron. Es evidente que a estos últimos les ha perjudicado su paso por el gobierno y su intento de remendar los descosidos del ejecutivo conservador a base de asumir las humillaciones desde Bruselas y  Berlín, y no tener capacidad de hacer frente a esos poderes porque el país es totalmente secundario en el espectro europeo. Ahí es donde aparece el orgullo de las ideas (y lo vieron muchos diputados y militantes del PASOK que abandonaron el partido) del que te debes servir para trazar líneas rojas que jamás debes cruzar. El socialismo en Grecia sobrepasó muchas líneas rojas y, encima, dio la sensación de que lo hacía de la mano de su gran rival político. Ahora nos encontramos con una derecha victoriosa, una ultraderecha con alrededor del 10% y dos partidos de izquierda, uno totalmente derrotado, con el único rumbo del seguidismo y sin programa propio, y otro que recibe ilusión por un gran crecimiento que se forja en la desilusión y enfado del que vota contra la austeridad y la propia Europa, pero que asume la dificultad de llegar a dirigir el país si no es con alianzas.
La izquierda necesita aprender de sus propios errores y sus propios aciertos. Hace falta un proyecto claramente diferenciado, una apertura de los partidos hacia las bases y la propia calle en forma de participación más directa, saber solucionar los conflictos internos sin que se conviertan en heridas permanentes que obligan a derrochar todas las energías y no caer en la trampa de la derecha (la del país o la europea) que esconde en pactos de estado o acuerdos multinacionales políticas irresponsables con la igualdad, los derechos y el propio bienestar.

1 comentario:

  1. Extraordinario análisis y reflexión. Para pensar y sacar conclusiones.
    Rafa García

    ResponderEliminar