domingo, 26 de febrero de 2012

La brújula de Espartaco

En las calles de Bolonia
Si nombramos a Espartaco nos llega a la memoria un torero o el mismísimo Kirk Douglas. Más cerca del segundo, sin duda, el personaje original. Líder de esclavos en plena República romana que consiguió agrupar a un tremendo ejército contra el enemigo opresor. El pobre hombre quería salir de las fronteras romanas y recuperar la libertad, cuando ya estaba casi salvado le tocó regresar a la lucha (cosas de la presión de grupo) para intentar acabar para siempre con la pesadilla. Nada, acabó luchando de rodillas herido y moribundo, y perdiendo la vida junto a cientos de los suyos.
Claro que no se puede decir que no sirviera para nada su extenuante lucha, al contrario, la pérdida de miles de esclavos, se habla de 100.000, supuso un golpe sin precedentes a la producción económica romana, pero además los amos levantarían el pie de los cuellos esclavos y empezarían a liberar, por miedo más que por caridad y ni mucho menos por convencimiento, a muchos de ellos.
La historia continuó y se siguió adaptando al esquema marxista, pero Espartaco hizo lo que pudo y supongo que fastidiado por el dolor cuando hincaba las rodillas en la Batalla de Río Silario persaría algo así como "pero qué gilipollas que he sido ¡con lo fácil que lo tuve!... pero, bueno, luchar siempre reconforta"
Y en esas estamos, haciendo el papel de Espartacos (o es lo que deberíamos hacer). Algunos dirán que mis afirmaciones se salen de la realidad, que comparar a los ciudadanos y ciudadanas de hoy en día con todos nuestros derechos (y derechas diría yo) con aquellos esclavos romanos es hacer un ejercicio de irresponsabilidad y de ganas de llamar a la subversión. Tampoco me veo yo de rodillas defendiéndome a espadazos, de hecho ya habría alguna delegada gubernamental encargada de que los centuriones actuales me achicharraran a porrazos (todo se andará, todo se andará...). Yo veo en las ideas espadas, lo que ocurre es que hay que combinarlas con calle, mucha calle. Y claro, viendo como funcionan algunos dirán que, aún sin espadas, soy igual y doblemente irresponsable. Lo dirán por lo de la calle y, lo peor, también por las ideas.
Y dirán algunos que ¿quién ve a este, yo, como enemigos? Difusa respuesta porque están en todos los lados esos enemigos, desgraciadamente los tenemos y los hemos tenido muy cerca de nosotros, haciendo trabajos sucios, adormilando a la sociedad y perdiendo una brújula que ahora nos hace falta.
La izquierda debe encontrar su brújula o, mejor, la debemos construir entre todos nosotros: ponerla encima  de la mesa y actuar. Pensemos, trabajemos y actuemos... y, aunque nunca lo hemos tenido fácil, luchar siempre reconforta.

2 comentarios:

  1. Pues eso....Luchar por lo que crees, siemre reconforta y si además tienes la sensación de que todo se puede ganar...ya tienes la mitad del camino recorrido.

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  2. Creo que no corren buenos tiempos para la lírica.

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