Comienzo esta nueva reflexión con dos anécdotas relativamente recientes. La primera tuvo lugar en una asamblea local de un partido político de izquierda; al acabar, uno de los miembros de la ejecutiva dijo en tono bastante audible "la política para el político y para nosotros el botijo" y tras ello echó mano al botellín de cerveza que tenía a su lado y entre las risas de su interlocutor le dio un tiento. La segunda de las anécdotas es, básicamente, una repetición de situaciones: un grupo de profesores nos reunimos de vez en cuando para analizar películas y ya va siendo habitual que acabemos, casi de forma acalorada, hablando de las dos Españas, de izquierdas y de derechas. Y da igual que la película sea española o danesa.
![]() |
| Para algunos esto sería un gran debate político |
¿Cómo es posible que una persona que representa en su barrio a un grupo político no quiera ni hablar de política? ¿y por qué un grupo de gente, en principio instruida, acaba hablando de forma agria sobre política buscando ideología en cualquier escena cinematográfica?
En España aún estamos pagando años en los que la consigna gubernamental era desmovilizar, en donde no se podía hablar de política e incluso estaba mal visto. Pero también de siglos en los que dos maneras de ver la realidad, la historia y el futuro de este territorio se enfrentan de forma constante. Dirán algunos que no tenemos término medio. Es posible.
Debatir y hablar de política suele molestar a quienes no quieren enfrentar ideas y no nos engañemos, la derecha quiere acabar con las ideas (por lo menos las ideas molestas) y, por eso, todo aquel que dice eso de "no hay ni izquierdas ni derechas" acaba votando, si vota, a los partidos conservadores. Sin embargo, la izquierda tiene que sacar la política a la calle, no con estridencias, pero sí para que la ciudadanía conozca propuestas y, sobre todo, haga propuestas. Hace tiempo oí a un candidato a no sé qué puesto decir algo así como "tenemos que sentarnos frente al ciudadano y explicarle lo que queremos hacer" y todo el mundo le aplaudió. Pues creo que el camino es otro: hay que sentarse y que los ciudadanos digan lo que quieren que se haga. Obviamente dentro de un espacio acotado, a veces flexible, que es el de la ideología que impone las líneas rojas.
Fuera de los partidos pero también dentro. El debate interno es imprescindible, pero dando protagonismo a los niveles inferiores de la pirámide de la militancia y en esto el movimiento 15M ha aportado mucho que deberían asumir las organizaciones políticas que hablan de izquierda en cualquiera de sus variantes, a mi me gusta hablar de izquierdas. Hay quienes optaron por darle a ese tsunami social que ha vivido nuestro país un valor meramente reivindicativo contra la acción de unos gobiernos. Y se equivocaban. Otros quisieron minusvalorarlo ofreciendo propuestas electorales cercanas a algunas de sus grandes reivindicaciones. También se confundieron. Algunos le acusaron de estar detrás de la victoria electoral del conservadurismo en las últimas elecciones generales. No creo que acertaran. Hubo quienes decidieron fagocitar el movimiento llevando a sus militantes a las asambleas o fagocitando a los militantes del movimiento para incluirlos en sus estructuras. Erraron por completo.
Los partidos políticos tienen que hacer su particular 15M llegando a la base y logrando que de ésta partan las principales iniciativas, las estructuras de partido tienen que ser correas de transmisión de soluciones a necesidades basadas en un concepto de sociedad: ya hablé arriba de qué es lo que tiene que acotar ese concepto. Los grupos políticos no solo deben ser casas con paredes más transparentes, también con más puertas y ventanas: con más opinión y debate, y más oxígeno democrático.
Sin embargo, esto último es difícil y complejo: un ejemplo lo vive el principal partido de izquierda de nuestro país que no ha sido capaz de aceptar, por ejemplo, un modo de elección de su principal cabeza ejecutiva en el que participen directamente todos los militantes, y eso que en el país vecino del norte sí se había puesto en práctica, y todo por que esas estructuras que antes cité no quieren dejar de serlo y el voto secreto de mucha gente es muy difícil de controlar. Y se produce una lucha por abrir y cerrar, con intereses múltiples y objeciones variadas, pero que encierra tras de sí un tremendo debate de cuya resolución depende buena parte de la credibilidad de la propia izquierda.

No hay comentarios:
Publicar un comentario